El que cada día aumente el
número de personas que recurren a la homeopatía, tiene solo una explicación: “Funciona” y por eso convence. De ahí
que su fuerza sea imparable y que tengan fundadas sus esperanzas para augurar,
en un futuro cercano, su pleno desarrollo y expansión.
No le ha resultado nada fácil
por los múltiples intereses que juegan en su contra. Por lo tanto podemos afirmar que por sí misma,
la homeopatía como ciencia médica, tiene sus bases, lo suficientemente sólidas
como para que se ponga en tela de juicio su validez y eficacia. Ofrece garantía,
y además, no descuida ningún aspecto de la persona, procurando el bienestar y
la unificación física, psicológica y espiritual de quien recurra a ella. No
podemos ignorar, que contribuye a su efectividad, no solo la medicación que se da
en función de la situación de cada paciente, sino también la actitud y la
calidad de médico que le acoge, interroga y ofrece su ayuda y acompañamiento,
puesto que todo esto facilita que aflore los interrogantes más profundos, las
preocupaciones y las motivaciones más auténticas del paciente y que se le puede
ayudar de una manera global y acertada.
Resulta muy interesante
considerar ya de entrada, a la homeopatía, como un sistema terapéutico, que no
tapa los problemas, sino que los soluciona de raíz, estimulando la capacidad de
la persona y de su organismo para recuperar su armonía y equilibrio, permitiéndole
superar cuanto le desestabilice. Por eso, podemos afirmar, sin temor a
equivocarnos, que la homeopatía es la
medicina que la humanidad necesita para reencontrarse consigo misma, para
recuperar y fortalecer la salud, para prevenir las enfermedades y facilitar el
pleno desarrollo de los hombres, mujeres
y niños que apuestan por su beneficio. Creemos firmemente que la homeopatía,
como ciencia y como arte de curar, es un patrimonio
de la humanidad que a todos nos pertenece y del cual todos tenemos el legítimo
derecho de beneficiarnos.

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